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La flor de la infusión de la noche, la que perfuma el placard desde la época romana y la que entra en la repostería provenzal. Tres usos distintos y el mismo frasco.
Pocas plantas tienen tantos usos tradicionales distintos, y ninguno de ellos es reciente.
Es su uso más conocido y el motivo por el que más se la pide. La tradición popular la asocia desde hace siglos al final del día y al ritual de cerrar la jornada, sola o mezclada con tilo y manzanilla.
Su nombre viene del latín lavare, lavar: los romanos perfumaban con ella la ropa recién lavada. Los saquitos entre la ropa siguen siendo el repelente de polillas más viejo que hay.
En el sur de Francia es ingrediente de cocina, no solo de infusión: va en las hierbas de Provenza y perfuma azúcares, budines, helados y cremas. Se lleva bien con limón, miel y frutos rojos.
Un puñado de flores en una bolsita de tela bajo el chorro caliente de la bañera es un uso tradicional documentado desde la antigüedad, y el más directo de todos: es puro perfume.
Es la flor más dominante del estante. Todo el asunto está en la medida.
Cada 250 ml, alrededor de 1 g. La mitad de lo que usarías con manzanilla. Si te parece poco, es exactamente el punto: con una cucharada colmada la taza sale perfumada de más.
Hervor y treinta segundos de espera. El aceite esencial de la flor es muy volátil: con agua a hervor pleno buena parte del aroma se va en el primer vapor.
Y colá. Más allá de los siete aparece el fondo alcanforado y amargo. Si la taza te quedó fuerte, la próxima bajás la cantidad: acortar el tiempo no arregla el exceso de flor.
No se cocina la flor: se le presta el perfume al azúcar y después la flor se retira.
200 g de azúcar común · 2 cucharadas de flores de lavanda · un frasco con tapa hermética · un colador de malla fina · opcional, la cáscara de medio limón bien seca.
Mezclá el azúcar con las flores en el frasco, cerrá y agitá. Dejalo una semana en la alacena, agitando cada dos días. El azúcar es higroscópico y va tomando el aceite esencial de la flor sin necesidad de calor. Pasada la semana, tamizá y descartá las flores. Ese azúcar va en budines de limón, shortbread, merengues, crema chantilly o arriba de frutillas. Guardado sigue perfumando meses.
| Producto | Flores de lavanda secas |
| Otros nombres | Espliego, alhucema, lavándula |
| Parte utilizada | Flor seca desprendida de la espiga |
| Cantidad por taza | Media cucharadita, alrededor de 1 g cada 250 ml |
| Temperatura del agua | 90 a 95 °C, nunca a hervor pleno |
| Tiempo de infusión | 5 minutos. Más de 7 aparece el alcanfor |
| Perfil aromático | Floral y dulce, con fondo alcanforado |
| Uso tradicional | Infusión de la noche, sachets, baños, repostería |
| En cocina | Hierbas de Provenza, azúcares, budines, helados |
| Combina con | Tilo, manzanilla, melisa, limón, miel, frutos rojos |
| Conservación | Frasco hermético, sin luz: la luz apaga el violeta |
| Presentación | Fraccionada en la sucursal, según las opciones del aviso |
Su uso más conocido es la infusión de la noche: la tradición popular la asocia desde hace siglos al descanso y a los rituales de fin del día. También es la flor con la que se perfuman roperos y cajones desde la época romana, se usa en baños de inmersión aromáticos y forma parte de la cocina provenzal, donde entra en las hierbas de Provenza y en repostería.
Media cucharadita cada 250 ml, alrededor de 1 gramo. Es bastante menos de lo que se usa con cualquier otra flor, porque su aceite esencial es muy concentrado y domina rápido. Si la mezclás con otra hierba, la lavanda va siempre en la proporción menor.
Por exceso de cantidad. El linalol y el alcanfor de su aceite esencial son los mismos compuestos que se usan en perfumería, y a partir de cierta concentración el paladar los lee como perfume en vez de como comida. La solución es siempre bajar la dosis, no acortar el tiempo.
Sí, es un ingrediente clásico de la cocina del sur de Francia. Va en las hierbas de Provenza junto al tomillo y el romero, y en repostería se usa para aromatizar azúcar, budines, shortbread, helados y cremas. Combina muy bien con limón, miel y frutos rojos.
Se arman saquitos de tela fina con dos o tres cucharadas de flores y se cuelgan entre la ropa o se apoyan en los cajones. Es el uso más viejo de la planta: los romanos ya perfumaban la ropa lavada con ella, y de ahí viene su nombre. Además es un repelente tradicional de polillas.
En frasco hermético, en lugar fresco, seco y sin luz directa. La luz apaga el violeta y el calor evapora el aceite esencial, que es todo lo que la hace valer. Bien guardada mantiene el perfume alrededor de un año, y cuando ya casi no huele al abrir el frasco todavía sirve para los saquitos del placard.
La taza de la noche, el azúcar del budín y los saquitos del placard salen del mismo frasco. Rinde muchísimo más de lo que parece por lo poco que se usa cada vez.
Producto natural para infusión y uso culinario. La información sobre su uso tradicional es de carácter general y no constituye consejo médico. Los usos descritos corresponden a la tradición popular y culinaria, y no implican propiedades terapéuticas comprobadas. Se recomienda consultar con un profesional de la salud en caso de embarazo, lactancia o tratamiento médico. Conservar en lugar fresco y seco.
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